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lunes, 23 de abril de 2018

Excursión a Murcia (Abril 2018)


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Cuando la salud y los achaques nos respetan, los “atenienses” sabemos que hay que reservar los primeros días de abril para rematar las fiestas “pascueras” con la ya tradicional “Excursión de Primavera”. La dirección del Ateneo conoce el sentir de los socios y buscan convertir el viaje en días de gozo, de adquirir cultura, de degustar platos innovadores, de encuentros entre amigos que lamentan los asientos vacios por inoportunas incidencias.
 
Salimos a la hora prevista desde la explanada del Cohetódromo, ante la presencia de la Torre y el anuncio de la hora en el reloj del Calvari. Fuimos 48 los que acudimos a la cita y los que ilusionados emprendimos la marcha hacia Murcia. Olga, la guía de la nueva agencia, tras agradecernos la confianza puesta en su empresa, nos presentó a Eduardo, que resultó ser un prudente y experto conductor. Tomó la palabra Aurelio para informarnos de las “últimas novedades” del Ateneo, no sin antes trasmitir el saludo de nuestro presidente, Ángel Barona, que por motivos personales no pudo acompañarnos.

Invitó a darse de alta como socios a quienes sienten simpatía por las actividades del Ateneo, así como ojear durante la excursión los últimos libros editados: “Socarrats de Paterna” de Ramón Gimeno, presente entre los viajeros. La recopilación hecha por el Ateneo de los  “Premis XV Certamen Lliterari” y los cuentos y poemas del autor cubano que llegaron fuera de plazo en el último concurso literario.

Música de Mocedades, Julio Iglesias, Luis Aguilé (las novedades de nuestros años mozos) acompasada por las palmas de la concurrencia, acortaron tiempos y kilómetros hasta llegar a Fuente la Higuera, como parada logística. El cuatro estrellas “Costa Narejos” sito en Los Alcázares (Murcia) nos dio la bienvenida y tras acomodar ropa y maletas nos esperaba un magnífico y variado autoservicio, responsable de algún que otro insomnio nocturno. Una copa, amenizada por el baile zalamero de un cantante moreno, nos relajó de las inquietudes acumuladas y pusieron fin al día.

El sábado, día 7, nos esperaba Caravaca de la Cruz, ciudad que desde la Edad Media se conoce con este nombre específico: “La Vera Cruz de Caravaca”. El origen lo basan en ser la ciudad depositaria de un fragmento de la cruz en la que Jesucristo fue crucificado. El “lignum crucis” encontrado en el siglo IV por el emperador romano Constantino. La orden militar de los Templarios fue la primera que custodió y defendió el castillo y la Cruz. En el año 1998, San Juan Pablo II, le concedió el privilegio de poder celebrar el “Año Jubilar” a perpetuidad cada siete años.

Contemplamos en el museo, la impresionante custodia de plata donde se procesiona la cruz, los días 1 y 5 de mayo, fiestas patronales declaradas de Interés Turístico Internacional en 2004. Nos sorprendió un bonito “Ninot” del famoso festejo “los Caballos del Vino” que en la actualidad aspira a ser declarado Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la Unesco.  Es conocida también la ciudad por su bello Casco Antiguo de origen medieval, y por las fiestas de Moros y Cristianos.

Nos trasladamos al santuario de Nuestra Señora de la Esperanza situado en una gruta excavada en la roca, a 6 km de Calasparra, donde se veneran, desde el año 1786, las imágenes de la Virgen de la Esperanza: “la Pequeñica y la Grande”.


Comimos en el restaurante que lleva el nombre de la Virgen. Tras los aperitivos de embutidos y quesos de la zona,  nos sirvieron una “paella mixta”, el plato ”reina”  de la casa, compuesto de  verduras, carnes y mariscos variados,  cocinados con el arroz de denominación de origen. Hubo opiniones para todos pero los valencianos de “pura cepa” no repitieron.

Compartimos mesa y baile con los miembros de la “The Royal British Legión”, una organización benéfica, formada por veteranos del Ejército Inglés que sirvieron en España. Nuestro agradecimiento: “Of Ateneo Cultural de Paterna the military salute”.  Tras la cena, cerramos el día con la copa y baile reglamentarios.

El domingo amaneció dispuesto a ofrecernos lo mejor del sol, la luz y las flores de la capital murciana. “Puri” la guía local, nos esperaba a la entrada de la ciudad del Segura, que se despertaba retirando los restos de aderezos destinados a la celebración del “Entierro de la Sardina” último acto de las "Fiestas de Primavera".

Tras la visita panorámica a la ciudad, visitamos las joyas de su patrimonio histórico-artístico.  La Catedral, de fachada barroca e interior principalmente gótico. El afamado Casino, de suntuosos interiores en los que admiramos el denso patrimonio escultórico de Francisco Salzillo. En la tierra donde la huerta, la seda y el regadío son sus emblemas, no se debe olvidar “El Consejo de Hombres Buenos de la Huerta de Murcia”, tribunal de regantes del Mediterráneo, declarado Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la Unesco.

Del conocimiento cultural pasamos al gastronómico y nos aconsejaron tomar, en la típica plaza de Isidoro de Cierva, unas “cañicas”, acompañadas de alguna tapa típica :" Zarangollo”. “Tomate Partío", una Pipirrana” y tras el café probar unos “paparajotes”, un postre hecho con hojas de limonero recubiertas con una masa pastelera.

La tarde la dedicamos a visitar las Salinas y Arenales de San Pedro del Pinatar. A pesar de que el fuerte viento nos impidió contemplar sus tranquilas playas, prometimos volver para disfrutar de los famosos “baños de lodo”. Con cena, cortado y baile se cerró el “Día del Señor” y aunque los preparativos de maletas nos anunciaban que el viaje llegaba a su fin, nos esperanzaba la celebración de la fiesta del patrón de la Comunidad, san Vicente Ferrer, y poder felicitar a los “Vicentes y Ticas”.

El lunes lo dedicamos a visitar el Cabo de Palos, que según nos contaba Olga, data del siglo XVI, en el reinado de Felipe II, cuando se construyó una torre vigía para defensa de la costa contra los ataques de los berberiscos. Fue testigo, un 4 de agosto de 1906, del naufragio de un transatlántico italiano que llevaba inmigrantes a América del Sur, conocido como el “Naufragio del Sirio”. Más doloroso y cercano fue la vivencia de la noche del 5 al 6 de marzo de 1938, donde se libró la mayor batalla naval de la Guerra Civil Española, conocida como “la batalla del Cabo de Palos”.

 Milagros Ferrer y Jesús, recordaban a los amigos su viaje de novios, en el entonces Cabo de Palos virgen, rodeado de naturaleza y de calas intactas y decididas entonces a combatir el asalto del turismo y el ladrillo.

Regresamos al hotel para almorzar y despedir a un atento servicio y un bufé de muchos tenedores. Un café y unas “cabezaditas” en las cómodas butacas del salón del hotel nos prepararon para emprender el viaje de vuelta. Accedimos a la solicitud de fotografiar al grupo para exponer en la publicidad de la agencia, al Ateneo Cultural Paterna, como modelo de comportamiento y puntualidad.

Aurelio agradeció la atención de Ángel Alcañiz al donar cuatro lotes de “libros antológicos” que fueron rifados entre la concurrencia.  La película “Lion” un drama aspirante al Oscar, basado en hechos reales de la India, que sigue el itinerario de un muchacho adoptado para reencontrar a su familia y sus raíces, nos aligeró cansancios y preocupaciones.  Los cristales del autobús durante muchos kilómetros se colorearon de verde “Huerta Murciana” donde el limonero somete al naranjo y el Segura rivaliza con el Turia.

Notamos la falta de Mayte porque divisando en la lozanía el Palau y la Torre, fue Aurelio quien glosó las estrofas del himno: ¡Vixca per sempre vixca el poble del meu cor”. Gracias Ateneo, y hasta la próxima, ¡que seamos felices!

Félix Garrido Gil.