VISITA CULTURAL A LA BASTIDA DE LES ALCUSSES Y MONTESA
Para ver mas fotos del viaje pinchar AQUÍ |
Tras los saludos y abrazos entre “los amigos de toda la vida” emprendimos viaje en dirección a la Bastida de les Alcusses y al castillo de Montesa. Amaneció un sábado propio de un otoño recién nacido, el otoño que cantaba el poeta Mario Benedetti: “Aprovechemos el otoño, antes de que el invierno nos escombre, ahora que calienta el corazón, aunque sea de a ratos y de a poco, pensemos y sintamos todavía con el viejo cariño que nos queda”
Nos contaba Vicente Alarcón que, a pesar de
las 56 plazas disponibles del autobús, habían quedado gente en lista de espera
y no se sabe si la demanda es por lo atractivo del viaje o quizás por combatir soledades
y gozar de la compañía de esos amigos con los que, entre sorbos de un “tallat”,
recordaremos los años de la niñez y juventud: "Et recordes quan el meu
pare em deia...”
Paramos
a almorzar en el restaurante el Serrano en la carretera a Moixent, que por ser
seleccionado por nuestro amigo y erudito guía Mateo, sabemos que la relación precio-calidad favorece al cliente.
Camino de la Bastida nos fue informando que
es una zona ubicada en La Costera, el extremo suroeste de la Serra Grossa y que
las localidades que la configuran nacieron de la necesidad de controlar y
defender el estratégico camino. Su relevancia se debe, ser desde muy antiguo la
ruta de tránsito de personas y mercancías entre la meseta castellana y el
litoral valenciano. Es la misma ruta Vía Heràclea de los íberos y cartagineses,
la Augusta de los romanos, la calzada islámica y el camino real de Játiva a
Toledo.
En el valle de la “Vida y la Muerte” encontramos el gran yacimiento ibérico amurallado de la Bastida de les Alcusses, en medio de en un florido entorno de afluentes, manantiales y ríos, que aún a día de hoy se pueden disfrutar. Supimos que 'Bastida' es una construcción, muralla o fortaleza y 'Alcusses' es el nombre que hace referencia a depósitos, tinajas o recipientes para almacenar y gestionar productos agrícolas. Desde 1909 se conocía la existencia del yacimiento, pero las primeras excavaciones arqueológicas no empezaron hasta 1928, a propuesta del recién creado Servicio de Investigación Prehistórica y Museo de Prehistoria de la Diputación de Valencia.
Recorriendo sus ruinas nos imaginamos cómo eran las casas y cómo estaba organizado este poblado donde vivieron un grupo de íberos, moradores de la Península ibérica antes de la llegada de los romanos. La fama de las excavaciones llegaron a tal punto que la prensa valenciana llegó a denominar el yacimiento como la “nueva Pompeya” motivo por el que fue declarado Monumento Histórico-Artístico en el año 1931 y actualmente es considerado como Bien de Interés Cultural de la ley del Patrimonio Valenciano.
Visitar la Bastida de les Alcusses y el
castillo de Montesa nos ha permitido entrar de mano de la imaginación en el túnel
del tiempo y encontrarnos con nuestros antepasados del siglo IV antes de
Cristo. A mediados de siglo XVI, el cronista Viciana describía los términos de
Montesa y la vecina Vallada como: “Son términos de muchas labranças y plantados
de muchos árboles y en ellos se cogen trigos, cevadas y otros frutos, y de los
árboles más de quatro mil libras de seda y quarenta cinco mil arrobas de
azeite, y cient cincuenta mil arrovas de garrovas, y mucha grana por los
montes, y miel y cera, mucha y muy buena, por tener buenos pastos de flores
para las abejas”.
Su legado arquitectónico y natural ha
resistido a la prehistoria, a la época medieval islámica y a la reconquista cristiana
con los templarios y la Orden de Montesa.
Una Orden que se define por su fidelidad y
lealtad al Rey, independientemente de quién fuera y en qué época, tradición que
ha perdurado hasta nuestros días. En 1410 y 1412, la Orden de Montesa intervino
activamente en las campañas de Italia al lado del Rey Alfonso V el Magnánimo.
Al llegar a Font de la Figuera para visitar la Iglesia Parroquial de nuestra Señora de la Anunciación, vimos que sus calles estaban cortadas por las fiestas de moros y cristianos. Nos esperaba su párroco Don Alfonso Díez para informarnos, con profusión de datos, la historia de la parroquia, célebre por poseer el célebre retablo Mayor de Joan de Joanes, dedicado a la Mare de Déu. Es una de las obras más emblemáticas del autor y que sobrevivió al incendio acaecido en la iglesia en vísperas de la Guerra Civil española. “Las altas temperaturas que se alcanzaron en el interior del templo le afectaron seriamente levantando innumerables ampollas, ennegreciendo los colores y provocando la licuefacción de la resina del soporte de pino, que arrastró el color en su camino a la superficie” Tras la contienda bélica las tablas se enviaron a restaurar al Museo del Prado sometiéndolas a un proceso completo de restauración y en donde permanecieron hasta comienzos de los 50. Fue adquirido por la Dirección General de Bellas Artes en 1972, y trasladado a la Iglesia de la Anunciación, en Sevilla.
Tras agradecer a Don Alfonso su magnífica
exposición, nos dirigimos al restaurante “Quinta Managua” en la carretera de Beneixida,
donde nos sirvieron un menú muy “singular” abundante y de muy buena
calidad. Los entrantes los form
aron,
además de un plato de ibéricos, una “original” ensalada con bonito, arroz y
queso de cabra, seguida de unos “bombones de chipirones”. A elegir entre los
platos principales, nos “sorprendieron” con un arroz a banda de pato, setas y
foie, y unas “gachas manchegas con caracoles” regados con vinos viejos de la
zona. Postre de la casa y café. Recomendable.
Fue
el lugar emblemático elegido por nuestro maestro en fotografía, Vicente Alarcón,
para que los 56 atenienses presentes en la excursión de otoño, posáramos como
testigos vivos de la historia del Ateneo, dando testimonio de “la importante
tarea que realiza el Ateneo en la localidad acercando la cultura a todos los
paterneros y paterneras” Además de tributar homenage ad aquelles persones que
han dedicat temps i esforços per al be de la nostra entitat”.
Félix
Garrido Gil.