Des de 1980/81 treballant per la Cultura en general, la Valenciana i especialment la de Paterna.



miércoles, 23 de octubre de 2024

Crónica de la excursión de Moixent i Montesa

 VISITA CULTURAL A LA BASTIDA DE LES ALCUSSES Y MONTESA

Para ver mas fotos del viaje pinchar AQUÍ

Tras los saludos y abrazos entre “los amigos de toda la vida” emprendimos viaje en dirección a la Bastida de les Alcusses y al castillo de Montesa. Amaneció un sábado propio de un otoño recién nacido, el otoño que cantaba el poeta Mario Benedetti: “Aprovechemos el otoño, antes de que el invierno nos escombre, ahora que calienta el corazón, aunque sea de a ratos y de a poco, pensemos y sintamos todavía con el viejo cariño que nos queda”

Nos contaba Vicente Alarcón que, a pesar de las 56 plazas disponibles del autobús, habían quedado gente en lista de espera y no se sabe si la demanda es por lo atractivo del viaje o quizás por combatir soledades y gozar de la compañía de esos amigos con los que, entre sorbos de un “tallat”, recordaremos los años de la niñez y juventud: "Et recordes quan el meu pare em deia...”  

Paramos a almorzar en el restaurante el Serrano en la carretera a Moixent, que por ser seleccionado por nuestro amigo y erudito guía Mateo, sabemos que la relación precio-calidad favorece al cliente. Camino de la Bastida nos fue informando que es una zona ubicada en La Costera, el extremo suroeste de la Serra Grossa y que las localidades que la configuran nacieron de la necesidad de controlar y defender el estratégico camino. Su relevancia se debe, ser desde muy antiguo la ruta de tránsito de personas y mercancías entre la meseta castellana y el litoral valenciano. Es la misma ruta Vía Heràclea de los íberos y cartagineses, la Augusta de los romanos, la calzada islámica y el camino real de Játiva a Toledo.

En el valle de la “Vida y la Muerte” encontramos el gran yacimiento ibérico amurallado de la Bastida de les Alcusses, en medio de en un florido entorno de afluentes, manantiales y ríos, que aún a día de hoy se pueden disfrutar. Supimos que 'Bastida' es una construcción, muralla o fortaleza y 'Alcusses' es el nombre que hace referencia a depósitos, tinajas o recipientes para almacenar y gestionar productos agrícolas. Desde 1909 se conocía la existencia del yacimiento, pero las primeras excavaciones arqueológicas no empezaron hasta 1928, a propuesta del recién creado Servicio de Investigación Prehistórica y Museo de Prehistoria de la Diputación de Valencia.

Forman el equipo 15 arqueólogos del Servicio de Investigación Prehistórica de La Bastida, completados por universitarios de Valencia, Alicante y Pisa, que han recomendado el acondicionamiento de la excavación para salvaguardar los recintos excavados y las estructuras halladas.  Descubrieron una encrucijada de calles con 250 departamentos en los que encontraron piezas muy destacadas como el conocido Guerrero de Mogente- Moixent. Pequeñas planchas de plomo escritas en íbero, armas o adornos que comenzaron a dar justa fama al yacimiento. Casi todas las piezas halladas son objetos cerámicos –tinajas, platos, ollas- muchos de ellos con productos alimenticios entre los que abundan los higos. “Un gran incendio quemó los alimentos y eso ha sido crucial para permitir su conservación” El estudio de las maderas carbonizadas muestra que durante la época ibérica había un paisaje de bosque de carrascas y un sotobosque denso formado por enebros, arbustos, musgos y hongos. Con tanta historia no parece lógico que estos lugares de la Comunidad Valenciana estén tan poco explotados turísticamente.

Recorriendo sus ruinas nos imaginamos cómo eran las casas y cómo estaba organizado este poblado donde vivieron un grupo de íberos, moradores de la Península ibérica antes de la llegada de los romanos. La fama de las excavaciones llegaron a tal punto que la prensa valenciana llegó a denominar el yacimiento como la “nueva Pompeya” motivo por el que fue declarado Monumento Histórico-Artístico en el año 1931 y actualmente es considerado como Bien de Interés Cultural de la ley del Patrimonio Valenciano.

Visitar la Bastida de les Alcusses y el castillo de Montesa nos ha permitido entrar de mano de la imaginación en el túnel del tiempo y encontrarnos con nuestros antepasados del siglo IV antes de Cristo. A mediados de siglo XVI, el cronista Viciana describía los términos de Montesa y la vecina Vallada como: “Son términos de muchas labranças y plantados de muchos árboles y en ellos se cogen trigos, cevadas y otros frutos, y de los árboles más de quatro mil libras de seda y quarenta cinco mil arrobas de azeite, y cient cincuenta mil arrovas de garrovas, y mucha grana por los montes, y miel y cera, mucha y muy buena, por tener buenos pastos de flores para las abejas”.

Su legado arquitectónico y natural ha resistido a la prehistoria, a la época medieval islámica y a la reconquista cristiana con los templarios y la Orden de Montesa.
Una Orden que se define por su fidelidad y lealtad al Rey, independientemente de quién fuera y en qué época, tradición que ha perdurado hasta nuestros días. En 1410 y 1412, la Orden de Montesa intervino activamente en las campañas de Italia al lado del Rey Alfonso V el Magnánimo.

Al llegar a Font de la Figuera para visitar la Iglesia Parroquial de nuestra Señora de la Anunciación, vimos que sus calles estaban cortadas por las fiestas de moros y cristianos. Nos esperaba su párroco Don Alfonso Díez para informarnos, con profusión de datos, la historia de la parroquia, célebre por poseer el célebre retablo Mayor de Joan de Joanes, dedicado a la Mare de Déu. Es una de las obras más emblemáticas del autor y que sobrevivió al incendio acaecido en la iglesia en vísperas de la Guerra Civil española. “Las altas temperaturas que se alcanzaron en el interior del templo le afectaron seriamente levantando innumerables ampollas, ennegreciendo los colores y provocando la licuefacción de la resina del soporte de pino, que arrastró el color en su camino a la superficie” Tras la contienda bélica las tablas se enviaron a restaurar al Museo del Prado sometiéndolas a un proceso completo de restauración y en donde permanecieron hasta comienzos de los 50. Fue adquirido por la Dirección General de Bellas Artes en 1972, y trasladado a la Iglesia de la Anunciación, en Sevilla. 

 Tras agradecer a Don Alfonso su magnífica exposición, nos dirigimos al restaurante “Quinta Managua” en la carretera de Beneixida, donde nos sirvieron un menú muy “singular” abundante y de muy buena calidad.  Los entrantes los form

aron, además de un plato de ibéricos, una “original” ensalada con bonito, arroz y queso de cabra, seguida de unos “bombones de chipirones”. A elegir entre los platos principales, nos “sorprendieron” con un arroz a banda de pato, setas y foie, y unas “gachas manchegas con caracoles” regados con vinos viejos de la zona.  Postre de la casa y café. Recomendable.

Tras una animada sobremesa nos trasladamos al Castillo de Montesa, sede de la Orden de Montesa situado en la cumbre del montículo que domina la villa, donde están las ruinas de su histórico castillo. El nombre completo del castillo era Sagrado y Real Convento de la Orden de Santa María de Montesa y San Jorge de Alfama. Fue calificado como uno de los más fuertes del Reino de Valencia por sus gruesos muros, fuertes torres y espaciosa plaza de armas, en la que se dice podían formar hasta 2000 hombres. Su estilo arquitectónico es el gótico valenciano. En su interior se encontraban el convento, la iglesia de la Orden, el palacio del Maestre, los cuarteles, etc. convirtiéndose por su grandiosidad en casa madre de la Orden, donde los monjes-caballeros-guerreros seguían la regla de san Benito.

Nos informaba Mateo que el terremoto del 23 de marzo de 1748 ocasionó el derrumbamiento de gran parte del castillo. Siete años más tarde, el 1 de noviembre de 1755, y durante la celebración de la eucaristía, se produjo un nuevo movimiento sísmico que provocó el pánico entre los oficiantes y fieles que llenaban la iglesia del castillo. Tras esos sucesos quedó abandonado, aunque sus restos fueron declarados monumento arquitectónico-artístico en 1926, durante el reinado de Alfonso XIII. A finales del siglo XX y principios del siglo XXI se realizaron diversos trabajos arqueológicos, seguidos de obras de consolidación e incluso restauración, cuyo pináculo fue la reconstrucción de la sala capitular del castillo.

Fue el lugar emblemático elegido por nuestro maestro en fotografía, Vicente Alarcón, para que los 56 atenienses presentes en la excursión de otoño, posáramos como testigos vivos de la historia del Ateneo, dando testimonio de “la importante tarea que realiza el Ateneo en la localidad acercando la cultura a todos los paterneros y paterneras” Además de tributar homenage ad aquelles persones que han dedicat temps i esforços per al be de la nostra entitat”.

Félix Garrido Gil.